Me interesa la interacción entre el objeto y el usuario, es mucho más directa e intuitiva. No hace falta interruptor sino un suave movimiento para encenderla o graduar la intensidad.
Sen·hu no es un objeto, es más bien una interacción entre un objeto y un usuario. Una manera compleja y poco intuitiva de relacionarse con un objeto electrónico. Una manera humana de entendimiento entre una “máquina” y una persona sin necesidad de medios de traducción entre ambos. De ahí el nombre, que parte de las tres palabras “sentimientos”/”sensaciones” y “humanas”.
Es un experimento, un cambio de planteamiento sobre lo que las máquinas o aparatos electrónicos deberían ofrecernos. Un cuestionamiento a la pura servicialidad de los aparatos que nos rodean.
El ser humano tiene sus necesidades, que en la mayoría de los casos se tratan de algo material, o de algún esfuerzo físico. Lo que se olvida es que el ser humano, ante todo, tiene necesidades espirituales, sentimientos que le hacen experimentar sensaciones.
En una sociedad en la que la solución es mecanizarlo todo y facilitarnos la vida al máximo, el planteamiento es, ¿pueden las máquinas saciar nuestras necesidades más humanas?
Con sen·hu no se pretende afirmar que que la respuesta sea positiva, simplemente deja el planteamiento en el aire. Por muy violento que parezca y teniendo en cuenta el camino que estamos tomando, tarde o temprano terminaremos llorando a los hombros de un robot y no nos hará falta nadie que nos consuele, como hoy no nos hace falta nadie que nos hable (radio), nadie que nos cuente historias (televisión), ni tan siquiera nos hace falta hablar para comunicarnos (chat). La humanidad está avanzando en muchos aspectos, pero muchos otros los está dejando en el camino. Lamentablemente, muchos de ellos son básicos.
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