Con toda esta reflexión acerca del vínculo entre el objeto y el usuario enfocado desde la exclusividad del toque artesanal sobre un producto seriado, se me plantea una cuestión.
¿Hasta que punto es importante lo material?
Creo que lo material es un medio para expresar ciertos ideales y muchas veces para contenerlos. ¿Qué es lo realmente importante, el objeto, o el hecho de que cierta persona te lo haya regalado o cierta situación haya conseguido que llegue a tus manos? Lo que quiero decir es que muchas veces los objetos a los que les cogemos cariño o significan algo especial, son un mero intermediario entre la persona y lo que ello significa, un recordatorio. Es ahí donde pienso que, a no ser que la pieza sea muy valiosa por su valor económico, lo que nos da pena cuando perdemos este objeto, o se nos daña, lo que realmente nos duele es la pérdida de ese vínculo,
de esa conexión. Es muchas veces gracias a esos objetos que recordamos ciertas acciones concretas, o momentos especiales. En el momento en que se pierde el intermediario, (el objeto en cuestión) tememos que aquel recuerdo caiga en el olvido, y pienso que es lo que realmente nos hace pasar un mal momento. No se pierde algo material, algo que puedas suplantar fácilmente por otro nuevo, se pierde algo sentimental, inmaterial, y más complicado de recuperar.
Si planteamos un escenario en el que lo material deja de ser importante, una sociedad posnuclear o abatida por desastres meteorológicos como puede ser el ejemplo de la película “The Road” (John Hillcoat, 2009), podríamos pensar que lo más valioso que tenemos y lo único que nos da fuerza es el recuerdo, el recuerdo de un pasado mejor en este caso, de una persona en concreto, su difunta mujer, a parte de las necesidades fisiológicas básicas, claro está. Pero no nos lo da un ordenador, no nos lo da un coche, no nos lo da un fajo de billetes, a no ser que exista cierto vínculo entre ese objeto y algún recuerdo. Soy partidario de que es necesario rodearse de objetos que tengan este valor sentimental, aunque el resto, la mayoría, no lo tengan, porque son objetos que te recuerdan quien eres, quien has sido, y te hacen sentir vivo sabiendo que has dejado marca en alguien, que has conseguido un afecto particular por algo o por alguien en concreto.
Un amigo me dijo una vez, “vivimos del recuerdo”, y a pesar de que matizaría un poco la frase, en cierto modo no está demasiado equivocado. Si no recordamos, es como si no hubiéramos vivido, la vida no se resume en algo material, jamás. El caso de una persona con Alzheimer por ejemplo es, para mí, lo más frustrante que puedas imaginar. Puedes estar forrado y tener cuatro Ferraris en el garaje, o cinco maravillosos hijos que alguna vez quisiste, que si tienes esta enfermedad, ni siquiera recordarás que alguna vez los tuviste.
La vida, a pesar de pasarla rodeado de objetos materiales porque es absolutamente necesario, es algo inmaterial y como todo, excepto los recuerdos, perecedera. Soy consciente de que todo lo que digo puede jugar en mi contra ya que pienso que el diseño quizás poco puede hacer por fomentar este recuerdo más personal hacia lo material.
lunes, 3 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario