Las tripas están montadas. Tras unos días soldando el circuito y integrándolo en el interior del objeto, por fin está listo para ser programado para que actúe tal como tengo previsto. No será tarea facil ya que mis conocimientos de programación son nulos. Habrá que hacer un esfuerzo extra y saltar el que espero que sea el último bache del proyecto. Cuando lo consiga tocará organizar todo el contenido teórico y fotográfico en un documento. O empiezo ya, o lo veo dificil.
Parte del vídeo del proceso de fabricación del prototipo. Está inacabado porque aún no he grabado todas las tomas. La intención del vídeo es símplemente reflejar el trabajo que se ha ido realizando para la obtención de la pieza. A modo de recuerdo, un documento que siempre se agradece tener a posteriori.
Quinto día en el taller. Esta vez no ha habido ningún problema. Despues de tanto fallo y tantas pruebas resulta que tengo casi tres versiones diferentes del objeto. Esta tarde se cocerá en el horno a unos 1000 grados durante un buen rato. Faltaría escoger los esmaltes y volver a hornear. Para el lunes estarán listas.
Cuarto día que me acerco a Apparatu para continuar con el seguimiento de la producción de la pieza. Esta vez me ha tocado mancharme y la verdad es que soy un torpe. Después de un buen rato depurando las imperfecciones de la pieza y mimarla como nadie, un mal gesto ha hecho que se rompa lo mínimo. Suficiente como para tener que repetir la pieza. Era la segunda prueba de tamaño que resulta que me ha gustado bastante más que el anterior, que resulta demasiado basto. El viernes volveré.
Al igual que en el post anterior, sobre el Furby, este tampoco es un caso con el que debería compararse mi proyecto. Es un ejercicio de planteamiento tecnológico bastante interesante y un fenómeno dónde los haya, pero el Tamagotchi no es mi fuente de inspiración que digamos. Me he planteado miles de veces la manera de cuidar un objeto con el fin de que este te proporcione algo. Un deseo casi espiritual hacia el mismo objeto. Pero en ninguna manera me he referido a este tipo de solución. Sigue siendo un entretenimiento infantil, algo en lo que no me gustaría que mi objeto se convirtiese.
Mucha gente a la que le he explicado en qué consiste mi proyecto me ha preguntado si se trata de un Furby, muñeco o juguete. Cada vez que me lo preguntan pienso que me explico bastante mal. Aunque en cierto modo un Furby tenga alguna similitud (interacción humana o más directa), no es mas que un juguete electrónico infantil sin ningúna pretensión ni mensaje implícito. No sugiere, o al menos no a mí, lo que pretendo que sí que consiga mi proyecto. Estamos hablando de interacción de planteamientos de subordinación, de servicialidad, de utilidad... de la función que la tecnología podría llegar a transformar en los objetos. No estoy diseñando un objeto comercial, estoy diseñando un tema de conversación, una cuestión social, algo que me inquieta en cierto modo.
Un objeto interactivo como mínimo curioso que plantea un cambio en el funcionamiento habitual de los pequeños electrodomésticos. Un interesante ejercicio de convinacion de sensores parecidos a los mios.
Touchscreens are everywhere—designers love their sleek looks and developers love their malleable pixels, but the implicit flatness of these omnipresent devices leaves much to be desired. From the perspective of human-device interaction, flat is boring. We crave real-world haptics, interesting textures, and functionally beautiful forms.
Developed by Teague's Benoit Collette and Adam Kumpf, the Radioball is an exploratory device that encourages discovery through rich spatial interaction.
The Radioball doesn't use screens, buttons, or knobs; instead, listeners can actively engage with the radio by rolling and spinning it to find stations among the warm fuzz of the FM dial.
Sen·hu no es un objeto, es más bien una interacción entre un objeto y un usuario. Una manera compleja y poco intuitiva de relacionarse con un objeto electrónico. Una manera humana de entendimiento entre una “máquina” y una persona sin necesidad de medios de traducción entre ambos. De ahí el nombre, que parte de las tres palabras “sentimientos”/”sensaciones” y “humanas”.
Es un experimento, un cambio de planteamiento sobre lo que las máquinas o aparatos electrónicos deberían ofrecernos. Un cuestionamiento a la pura servicialidad de los aparatos que nos rodean.
El ser humano tiene sus necesidades, que en la mayoría de los casos se tratan de algo material, o de algún esfuerzo físico. Lo que se olvida es que el ser humano, ante todo, tiene necesidades espirituales, sentimientos que le hacen experimentar sensaciones.
En una sociedad en la que la solución es mecanizarlo todo y facilitarnos la vida al máximo, el planteamiento es, ¿pueden las máquinas saciar nuestras necesidades más humanas?
Con sen·hu no se pretende afirmar que que la respuesta sea positiva, simplemente deja el planteamiento en el aire. Por muy violento que parezca y teniendo en cuenta el camino que estamos tomando, tarde o temprano terminaremos llorando a los hombros de un robot y no nos hará falta nadie que nos consuele, como hoy no nos hace falta nadie que nos hable (radio), nadie que nos cuente historias (televisión), ni tan siquiera nos hace falta hablar para comunicarnos (chat). La humanidad está avanzando en muchos aspectos, pero muchos otros los está dejando en el camino. Lamentablemente, muchos de ellos son básicos.